The first casualty when war comes is truth

The Blood Scandal in China

Cuando me preguntan por la situación de China ante los Derechos Humanos y el respeto de las libertades siempre intento responder lo mismo: ni todo es tan malo como lo pinta occidente, ni todo es tan bueno como lo dibuja el gigante asiático. Ni blanco ni negro, sino escala de grises.

¿Cómo está la balanza? Pese a que haya vivido prácticamente un año en la capital china, sigo pensando que mi análisis aún podría pecar de superfluo. Difícilmente podría llegar a la raíz y lograr una conclusión rotunda. Pero sí puedo hablar de experiencias personales, sobre todo de aquellas grabadas a fuego.

Antes de seguir, pongámonos en antecedentes.

En los años noventa el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) se propagó rápidamente a lo largo y ancho de China. ¿Qué contribuyó notablemente a ello? A principios de dicha década, miles de personas con pocos recursos decidieron vender plasma y sangre a clínicas que se encontraban en situaciones precarias de salubridad. Las autoridades chinas, tanto locales como central, veían en la venta de sangre un negocio que reduciría la pobreza del país. Así, en muchos casos se hizo la vista gorda ante estas actividades ilegales. 50 Yuanes (6 Euros) por el plasma y 200 Yuanes (25 Euros) por la sangre. Parecía un buen negocio.

Se practicaron procedimientos irresponsables que provocaron el rápido contagio del virus entre la gente que acudía, sana, a las clínicas para vender su sangre. Un ejemplo: la sangre recogida se agrupaba eliminándose posteriormente el plasma. Los glóbulos rojos restantes se inyectaban de nuevo entre los donantes para acelerar su tiempo de recuperación (reduciéndose la anemia), multiplicándose de esta manera la transmisión del VIH entre la gente. En algunas zonas rurales de la meseta central china hasta el sesenta por ciento de los donantes de plasma de la población (el veinte por ciento de la población total) se vio infectada por el VIH debido a este y otros métodos (reutilización de agujas, por ejemplo).

A mediados de los noventa, el Gobierno se toma en serio el problema y comienza a cerrar clínicas ilegales así como aquellas que llevan a cabo prácticas inseguras. Pese a los esfuerzos de Pekín, en 2003, los casos de personas infectadas por el negocio de la donación de sangre o plasma alcanzan todas las provincias chinas, regiones autónomas y municipalidades, con excepción del Tíbet.

Dos años después, en 2005, ONUSIDA estima que de las 75,000 personas que conviven con el SIDA, aproximadamente 22,000 fueron infectadas por el negocio de las donaciones de sangre o productos sanguíneos, incluyendo tanto donantes como receptores.

En 2010 el Gobierno afirma que todos los productos sanguíneos comercializados tanto en clínicas como hospitales han sido analizados para detectar posibles infecciones por el VIH. Así, el Gobierno parece haber acabado con el problema.

¿Qué ocurre con la gente que se ha visto infectada por estas actuaciones ilegales y peligrosas? Cierto es que el Gobierno chino ha provisto de tratamiento y ha compensado a mucha gente afectada, pero la realidad dicta que aún hoy en día cientos de personas siguen reclamando compensaciones por parte de las autoridades chinas.

Uno de los principales problemas de los afectados es cómo demostrar que se vieron infectados en dichas clínicas. Hablamos, en la mayoría de ocasiones, de actividades ilegales. Así, difícilmente habrá papeles de por medio; documentación normalmente requerida por las autoridades chinas para iniciar el proceso judicial y, por lo tanto, para entregar las posibles compensaciones.

Intentar hacer un reportaje sobre dicho asunto no es fácil. Y bien lo pude comprobar. Las autoridades locales de la provincia Hebei no solo me prohibieron seguir investigando en ello, sino que me retuvieron durante doce horas para terminar acusándome de haberme saltado una de sus “mágicas” leyes que, como no, rehúsan explicarte. Al cabo de tres semanas decidieron invitarme educadamente a abandonar el país. Al final todo quedó en una reprimenda y en un “no lo vuelvas a hacer.” Y fui yo quien decidió finalmente abandonar educadamente China.

Mientras tanto, muchas de estas personas que se vieron infectadas, directa o indirectamente, por la mala praxis de clínicas ilegales y el pasotismo de las autoridades chinas, seguirán luchando por recibir una compensación económica que les ayude a seguir adelante con una enfermedad que fácilmente podrían haberles evitado. Y su lucha, gracias a la obsesión del Gobierno chino por la censura, seguirá quedando silenciada.

Así, cuando me pregunten de nuevo “¿cómo están las cosas en China?,” diré que depende de en qué bando te encuentres y de en qué asuntos te metas.

ENGLISH VERSION SOON

Acerca de Biel Calderon

“Being the richest man in the cemetery doesn’t matter to me … Going to bed at night saying we’ve done something wonderful… that’s what matters to me” (Steve Jobs) Born in Mallorca, 1983. 18 years later I moved to Madrid to study BA Political Science, 2001-2006. I wanted to be a photographer. In 2007 I graduated MA Asian and Pacific Studies, Barcelona. I wanted to be a photographer. Finally, in 2007 I graduated MA Photojournalism. Since then I have collaborated with digital magazines, NGO’s and newspapers. And I became a photographer. Recently I have been exploring Multimedia Journalism along side my photography in order to test new ways of storytelling. Currently based in Bangkok.
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