Se hace camino al regatear

De cómo llegamos a Can Tho.

Uno se levanta con la idea que todo va salir rodado, según lo planificado la noche anterior. Pero la intempestiva hora (5.30am) es el primer aviso de que la desdicha asomará pronto la cabeza. Sea como fuere, después de un intenso lavado de cara (no hay quien disimule el sueño por mucho que se frote) agarramos el macuto y partimos raudos hacia la estación central de autobuses de Ben Tre. Debemos estar allí a las 7am (realmente parte a las 8am, pero debido al Tet, el año nuevo chino, conviene estar con suficiente antelación. Poco después comprobamos que el concepto suficiente varía mucho durante estas fechas) para tomar el autobús que nos dejará en nuestro siguiente destino, Can Tho, ciudad que duerme a las orillas del delta del Mekong.

Entre nuestro carismático hostal y dicha estación nos separan algo más de 5km. Decidimos hacerlo a pie. Somos aventureros y nos sentimos en forma pese al sueño. 2km después, llegamos a la conclusión de que 5km a ciertas horas no se hacen con demasiada soltura, por lo que solicitamos el servicio de dos motoristas. Seguimos el modus operandi del regateo y conseguimos fijar un precio satisfactorio para ambas partes (sí, seguro que nos timaron).

En camino de nuevo. 10 minutos después alcanzamos nuestro primer “check point”. Y primera sorpresa: no quedan billetes para dicha hora. Solo para el segundo y último autobús del día, el de las 13.30. Una hora maldita para nuestras intenciones, ya que de esa manera alcanzaríamos Can Tho demasiado tarde (se tardan 5 horas) y perderíamos prácticamente el día.

Respiramos hondo e intentamos buscar alternativas. Y pese a los problemas que suponen la barrera lingüística, conseguimos entender que nuestra opción más viable es llegar hasta My Tho (20 minutos) en un mini bus para luego comprar allí los billetes destino Can Tho. Según entendemos, en My Tho no tendremos problemas para comprar el billete de un horario más acorde a nuestros planes. Y eso hacemos, llegar a My Tho.

Alguien me dijo una vez que las sorpresas, si no son buenas, suelen venir a pares (o mares). Y al menos en esta ocasión así es. De nuevo nos topamos con un rotundo no cuando solicitamos dos billetes para la ciudad de las orillas del Mekong.

Llegados a este punto, nos encontramos en una complicada tesitura, ya que si decidimos regresar a Ben Tre para comprar el billete de las 13.30 corremos el riesgo de quedarnos tirados en aquella ciudad; existen muchas posibilidades de que los boletos de ese horario estén igualmente agotados.

Unos simpáticos motoristas (han visto un par de dólares andantes) nos explican que pueden acompañarnos hasta una gasolinera que está en medio de la autovía que va hacia Can Tho. Según ellos, desde allí parte nuestra última esperanza de alcanzar el objetivo marcado. Poco margen tenemos, así que decidimos confiar en ellos. 15 minutos después llegamos a dicha gasolinera.

Y sí, de nuevo el Tet entra en juego. En el año del gato (según los vietnamitas), nuestra suerte (al menos ese día) parece que no nos quiere acompañar. El autobús está allí, cierto; pero solo nos llevará a Can Tho si pagamos hasta cinco veces más el valor del precio estándar. Pero como diría un amigo, “es lo que hay”.  Y así es; o lo tomamos, o allí nos quedamos a pasar el día con los simpáticos trabajadores de la gasolinera.

Esta vez las negociaciones se presentan complicadas; pero poco a poco hemos ido puliendo nuestra técnica y no vamos a parar hasta conseguir un precio “razonable”. Después de dedicar algo más de media hora en intentar bajar todo lo posible el importe inicial, al final nuestra tozudez consigue resultados. Rebajamos a la mitad el precio que nos habían dicho en un principio. No está mal.

Misión cumplida. Nos vamos a Can Tho después de deambular durante un par de horas por lares vietnamitas en busca de nuestro ansiado billete de bus. Ahora “solo” nos queda pasar unas seis horas en una  furgoneta de asientos minúsculos y soportando un insoportable calor. Pero eso a quién le importa cuando el destino es navegar por el Mekong. Además, “lo importante no es el fin del camino, sino el camino en sí”. Y este camino se presentó, al menos, la mar de entretenido.

Acerca de Biel Calderon

“Being the richest man in the cemetery doesn’t matter to me … Going to bed at night saying we’ve done something wonderful… that’s what matters to me” (Steve Jobs) Born in Mallorca, 1983. 18 years later I moved to Madrid to study BA Political Science, 2001-2006. I wanted to be a photographer. In 2007 I graduated MA Asian and Pacific Studies, Barcelona. I wanted to be a photographer. Finally, in 2007 I graduated MA Photojournalism. Since then I have collaborated with digital magazines, NGO’s and newspapers. And I became a photographer. Recently I have been exploring Multimedia Journalism along side my photography in order to test new ways of storytelling. Currently based in Bangkok.
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Una respuesta a Se hace camino al regatear

  1. Isa dijo:

    Que bueno es vivir tantas espiéncias, no te van a coger en la maleta. Felicidades

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